Agrupar, corregir, comprobar: un método que ya debería abandonarse
- cjimenez832
- hace 3 días
- 6 Min. de lectura
...muchos elementos pasan por una etapa inicial de su formación aprendiendo un método que más tarde deberán desaprender para poder trabajar de la manera correcta.
Dentro de los cuadros de tiro que el Ejército Mexicano ha utilizado durante muchos años, hay uno particularmente conocido: el ejercicio llamado “agrupar, corregir, comprobar”. Este cuadro de tiro se ha utilizado tradicionalmente para verificar cómo están regimadas las armas de fuego y, en muchas prácticas, suele ser el primer ejercicio que se realiza al iniciar la jornada. Su propósito es sencillo: identificar la relación entre el punto donde el tirador apunta y el lugar donde realmente están impactando los disparos. En otras palabras, se trata de comprobar si el punto apuntado coincide con el punto impactado.
La estructura del ejercicio es simple. En el primer paso, el tirador se coloca aproximadamente a diez metros de distancia frente a un blanco sencillo —generalmente una hoja tamaño carta con un cruce de líneas— y apunta al punto donde se cruzan esas líneas. Desde esa referencia realiza tres disparos con la intención de agrupar los impactos y observar en qué parte del blanco están cayendo. Este primer grupo de disparos no busca todavía centrar los impactos, sino simplemente revelar la relación real entre el punto de mira y el punto de impacto.
Una vez identificado el grupo de impactos, el segundo paso consiste en realizar lo que comúnmente se conoce como traslado de miras. Si los impactos quedaron desplazados con respecto al centro del blanco, el tirador compensa esa desviación apuntando en sentido contrario. Por ejemplo, si el grupo quedó cinco centímetros arriba y dos centímetros a la izquierda del centro, el tirador apuntará cinco centímetros abajo y dos centímetros a la derecha. Si la compensación se realiza correctamente, los disparos deberían impactar ahora en el centro del blanco. El tercer paso consiste simplemente en repetir el ejercicio para comprobar que los impactos se mantienen en el mismo lugar.

Durante muchos años este método se ha utilizado como una forma de enseñarle al personal cómo compensar el punto de impacto del arma sin modificar los órganos de puntería. Dentro de la terminología militar a este proceso se le conoce comúnmente como regimar. Sin embargo, para entender realmente por qué este ejercicio existe y por qué llegó a institucionalizarse dentro del entrenamiento, es necesario mirar su origen.
En varias conversaciones que he tenido con personal militar con muchos años dentro de la institución, varios coinciden en señalar que este cuadro de tiro probablemente tiene su origen en los ejercicios que se realizaban con el Mosquetón calibre 7.62, que durante mucho tiempo fue el arma reglamentaria del Ejército Mexicano. El diseño mismo del mosquetón ayuda a entender por qué este ejercicio tenía sentido en su momento. A diferencia de muchas armas modernas, el mosquetón no permitía realizar ajustes laterales en el grano de mira para corregir desviaciones hacia la izquierda o hacia la derecha. Lo único que el tirador podía modificar era el alza de mira, lo que permitía subir o bajar el punto de impacto al variar la distancia de tiro.
En términos prácticos, esto significaba que el sistema de miras del arma permitía corregir la elevación del disparo, pero no su desviación lateral. Cuando el arma impactaba a la izquierda o a la derecha, el tirador no tenía forma mecánica de corregirlo. La única alternativa disponible era compensar el punto de mira, es decir, apuntar deliberadamente fuera del centro del blanco para que el disparo terminara impactando en el lugar deseado. Desde esa lógica, el cuadro de tiro “agrupar, corregir, comprobar” tenía una función clara: enseñarle al tirador a identificar la desviación del arma y aprender a compensarla visualmente. El problema es que ese contexto técnico dejó de existir hace muchos años.
Con el paso del tiempo, el Ejército Mexicano fue sustituyendo el mosquetón por armas más modernas. Primero llegó el FN FAL, después el Heckler & Koch G3, y actualmente el arma reglamentaria es el FX-05 Xiuhcoatl. Las tres comparten una característica fundamental: sus sistemas de miras permiten realizar un reglaje adecuado del arma. A diferencia del mosquetón, estas armas permiten ajustar los órganos de puntería tanto en elevación como en deriva. Esto significa que el tirador ya no necesita compensar visualmente el punto de mira. Lo correcto, desde el punto de vista técnico, es ajustar el arma para que el punto apuntado coincida con el punto impactado.
Ese es precisamente el objetivo del reglaje moderno de un arma de fuego. Cuando un arma está correctamente regimada, el tirador no necesita recordar compensaciones artificiales ni modificar mentalmente el lugar donde apunta. El sistema de miras está calibrado para que, dentro de una distancia determinada, el lugar donde se alinean las miras sea el lugar donde impacta el disparo. Por eso resulta razonable preguntarse por qué se sigue utilizando un método diseñado para un arma que ya no existe dentro del servicio activo.
En varias ocasiones he tenido esta conversación con oficiales y sargentos instructores tanto del Centro de Adiestramiento de Fuerzas Especiales como del Centro de Capacitación Especializada de la Secretaría de la Defensa Nacional. Aunque se trataba de personas distintas y de momentos distintos, las respuestas coincidieron casi siempre en tres razones principales. La primera es la falta de material y tiempo para enseñar el método correcto en los niveles básicos de adiestramiento, además La directiva de tiro de los cursos de adiestramiento básico no considera esta enseñanza.
La segunda razón tiene que ver con una fuerte aversión al riesgo. Existe cierta resistencia a permitir que el personal de reclutas manipule constantemente los órganos de puntería de las armas, ya que existe el temor de que puedan dañarse, perder piezas o realizar ajustes incorrectos. La tercera razón, sin embargo, es probablemente la más profunda y también la más preocupante, en más de una ocasión apareció una frase que resume perfectamente el problema: “no cambies lo que ya funciona.”
A primera vista la frase parece razonable. En muchas áreas del entrenamiento militar la estandarización es importante y los procedimientos que han funcionado durante años suelen conservarse por razones de consistencia. El problema aparece cuando esa lógica impide revisar si un procedimiento sigue siendo adecuado para las condiciones actuales. Porque algo puede haber funcionado en un contexto específico y, aun así, dejar de ser la mejor solución cuando las condiciones cambian.
También conviene aclarar algo importante: este método no se utiliza en todos los niveles de adiestramiento dentro del Ejército Mexicano. El cuadro de tiro “agrupar, corregir, comprobar” se observa principalmente en los niveles básicos de adiestramiento y en los ejercicios anuales de tiro que realizan muchas unidades. Sin embargo, cuando el personal llega a centros de adiestramiento más especializados, el enfoque cambia. Estoy hablando, por ejemplo, del Centro de Adiestramiento de Fuerzas Especiales y del Centro de Capacitación Especializada de la Secretaría de la Defensa Nacional, lugares donde tuve la fortuna de trabajar. En esos centros al personal se le enseña el procedimiento correcto para el regimado del arma y para ajustar adecuadamente los órganos de puntería.
Esto significa que la institución sí conoce las limitaciones del cuadro de tiro “agrupar, corregir, comprobar” y también entiende los problemas que genera cuando se utiliza como método principal en el adiestramiento inicial. Sin embargo, por razones que parecen tener más que ver con inercia institucional, logística o tradición, ese problema no se corrige en el nivel básico. En cambio, la corrección ocurre más adelante, cuando el personal tiene acceso a centros de adiestramiento o escuelas donde el entrenamiento es más especializado. En términos prácticos, esto significa que los elementos pasan por una etapa inicial de su formación aprendiendo un método que más tarde deberán desaprender para poder trabajar de la manera correcta. Y en cualquier disciplina, enseñar primero un procedimiento incorrecto para corregirlo después rara vez es la forma más eficiente de construir habilidades.
El cuadro de tiro “agrupar, corregir, comprobar” nació para resolver una limitación técnica muy específica del mosquetón pero las armas actuales ya no tienen esa limitación. Seguir enseñando ese método no solo resulta innecesario desde el punto de vista técnico, sino que además puede generar un hábito incorrecto: enseñar a los tiradores a compensar visualmente el punto de impacto en lugar de ajustar correctamente el arma. El reglaje de un arma existe precisamente para evitar esa compensación. Cuando el arma está bien ajustada, el tirador puede concentrarse en ejecutar correctamente los fundamentos de tiro, sabiendo que el sistema de miras está alineado con el punto de impacto.
Por eso, más que una tradición que debe preservarse, el ejercicio “agrupar, corregir, comprobar” es probablemente una costumbre que debería revisarse. Porque en el entrenamiento —militar o civil— repetir procedimientos antiguos no siempre significa preservar experiencia. A veces simplemente significa que nadie se ha detenido a preguntarse si siguen siendo necesarios.
Cristian J.




Comentarios